La idea en una frase
Con el interés simple, solo tu dinero inicial genera intereses. Con el interés compuesto, los intereses que ya has ganado se suman al capital y también generan intereses. Es una bola de nieve: al principio crece despacio, pero con los años la parte de intereses llega a superar a lo que tú aportaste.
La fórmula
Para un capital inicial sin aportaciones, la fórmula clásica es:
Donde C es el capital inicial, r la rentabilidad anual en decimal (un 5% es 0,05) y t los años. Si además ahorras una cantidad fija cada mes, se añade el valor futuro de esas aportaciones:
Ejemplo numérico completo
Supón que partes de 1.000 €, ahorras 100 € al mes, obtienes una rentabilidad del 5% anual y mantienes el plan 10 años:
- Interés mensual: 5% ÷ 12 = 0,4167% al mes (i = 0,004167).
- Número de meses: 10 × 12 = 120.
- El capital inicial crece a: 1.000 × (1,004167)120 ≈ 1.647,01 €.
- Tus aportaciones crecen a: 100 × [((1,004167)120 − 1) ÷ 0,004167] ≈ 15.528,23 €.
- Capital final: 1.647,01 + 15.528,23 ≈ 17.175,24 €.
De tu bolsillo habrás puesto 1.000 + (100 × 120) = 13.000 €. La diferencia, unos 4.175 €, la ha generado sola el interés compuesto. Si alargas el plazo a 20 años con las mismas cifras, el capital final ronda los 43.000 € y los intereses ya superan a tus aportaciones: ese es el poder del tiempo.
Paso a paso (resumen)
- Decide tu capital inicial y tu aportación mensual realista.
- Elige una rentabilidad anual prudente (mejor pecar de conservador).
- Convierte la rentabilidad a mensual dividiendo entre 12.
- Aplica la fórmula o usa nuestra calculadora para ver la evolución año a año.
- Repite el cálculo con varios plazos: verás que el tiempo pesa más que la cantidad.
La regla del 72: un atajo mental
Para saber en cuántos años se duplica tu dinero sin aportar nada más, divide 72 entre la rentabilidad anual. Al 6%, tu capital se duplica cada 12 años; al 9%, cada 8 años; al 3%, cada 24 años. No es exacto, pero es una excelente brújula para comparar escenarios de un vistazo.
La lección práctica es clara: empezar pronto con cantidades modestas suele superar a empezar tarde con cantidades grandes, porque el interés compuesto necesita lo único que no se puede comprar después: años.